Con enero, Buenos Aires vuelve a llenarse de planes culturales y el teatro recupera su lugar de rito ciudadano. La oferta se renueva, hay estrenos y reposiciones, y la avenida Corrientes concentra buena parte del movimiento. Para elegir sin perderse en la cantidad, conviene mirar más allá del cartel, qué tono propone cada obra y qué historia deja en el cuerpo.
En varias propuestas destacadas se repite una idea, el humor no es simple evasión, también sirve para hablar de afectos, tensiones domésticas y verdades que suelen quedar en voz baja. La comedia gana cuando, además de hacer reír, se atreve a incomodar y a señalar, sin moralina, los mecanismos con los que convivimos.
En esa línea se ubica Mi amiga y yo, que vuelve a la cartelera desde el 9 de enero con nueva temporada. La trama sigue a Santiago, comediante recién separado tras diez años de matrimonio, que llega al departamento de Valeria buscando contención. Son mejores amigos, pero él intenta ocultar lo que realmente siente por ella. La convivencia se complica con la presencia de Paula, confidente de Valeria, y Miguel, un vínculo tóxico surgido de una app de citas. En medio de debates sobre pareja, amor y amistad, una noticia inesperada cambia el rumbo de Valeria y obliga a Santiago a decidir cuánto está dispuesto a admitir, y qué precio tiene seguir fingiendo.
Familias, confesiones y humor con segunda lectura
El mundo familiar, con reproches acumulados, aparece en Las que gritan, que se estrena el 10 de enero. Tres hermanas atraviesan la adultez con frustraciones, heridas y silencios, hasta que su madre las convoca a pasar juntas un fin de semana. A partir de ese encierro, la obra alterna lo absurdo y lo imprevisible con momentos de reconocimiento. El elenco reúne a Julia Zenko, Laura Novoa, Eugenia Guerty y Karina Piñeiro, y el tono combina ironía y emoción sin caer en el subrayado, con escenas que avanzan hacia una catarsis que no siempre llega por el camino esperado.
También vuelve, con reestreno previsto para el 3 de enero, Cuestión de género, una comedia que empuja el debate desde la casa hacia lo público. Jade, diseñadora elegante y exitosa, recibe el resultado negativo de un examen médico. Al comunicarlo a Francisco, su esposo desde hace treinta años y político en campaña, decide revelarle un secreto guardado desde el inicio del matrimonio. Él se declara progresista, pero calcula el daño a su carrera y teme que se entere Sofía, la hija adoptiva. Sofía irrumpe con su propia revelación y llega acompañada por su nueva pareja, lo que añade tensión a una casa ya al límite. En escena están Moria Casán, Jorge Marrale, Paula Kohan y Ariel Pérez De María, en una trama que usa el humor para tensar, y también para desnudar, las condiciones inconfesables que muchas veces se ponen al amor.
Para quien busque sátira negra, Una Navidad de mierda plantea una cena que se descompone desde el principio. Tras tres años sin hablarse con la hija menor, la familia se reúne porque esa noche vuelve de Londres con su novia, Cindy. Arrepentidos, esperan conocerla y demostrar apertura, pero todo se vuelve delirante por un detalle tan literal como desconcertante, nadie consigue verla, nadie la encuentra. La ausencia dispara secretos, viejas heridas y un caos que crece escena a escena, con un clima donde cada gesto termina siendo leído como reproche. El reparto incluye a Verónica Llinás, Anita Gutiérrez y Tomás Fonzi, y la obra trabaja el humor como lupa sobre los rituales familiares que, bajo apariencia de celebración, suelen ocultar tensiones antiguas.
En el terreno del musical, El funeral de los objetos reanuda funciones los jueves de enero y ofrece un cambio de registro. Un grupo de desconocidos se cita para asistir a un funeral extraño después de leer un anuncio en un folleto del subte. Desde esa imagen inicial, la obra pregunta qué lugar ocupan los objetos en la vida emocional y hasta qué punto lo material nos constituye. A lo largo del relato, los objetos aparecen como depositarios de deseos, frustraciones, miedos e inseguridades, y la música acompaña esa deriva sin convertirla en consigna. Creada por Nicolás Manasseri y María Fernanda Provenzano, fue distinguida con el Premio Luisa Vehil 2022 y acumuló nominaciones a reconocimientos teatrales, consolidándose como una propuesta que combina reflexión y escena con pulso propio.






