Buenos Aires suma a su cartel cultural una propuesta que cambia el modo clásico de acercarse al impresionismo. Colón Inmersivo: Monet propone un recorrido donde la pintura se vuelve ambiente: imágenes en gran formato, sonido envolvente y recursos interactivos se combinan para que el visitante se sienta dentro de una atmósfera inspirada en la obra de Claude Monet. No se trata de una sala de cuadros, sino de una experiencia pensada para vivirla con el cuerpo, la mirada y el ritmo del espacio.
La actividad se presenta del 15 de diciembre al 18 de febrero y se realiza en el Centro de Experimentación del Teatro Colón. Ese sector, asociado a lenguajes contemporáneos, funciona como marco para un formato que apuesta por lo audiovisual y lo sensorial sin perder el eje cultural. La sede anunciada es el Teatro Colón, Viamonte 1168, en el barrio de San Nicolás, una ubicación céntrica que facilita el acceso tanto para quienes están de paso como para quienes viven en la ciudad.
En cuanto a la organización, la propuesta está disponible todos los días, de 10 a 21, con último ingreso a las 20. La franja horaria amplia permite planificar la visita con flexibilidad y reparte la afluencia a lo largo del día, algo clave en experiencias de este tipo, donde el volumen de público puede cambiar por completo la percepción del recorrido.
Proyecciones envolventes, sonido y un recorrido que invita a participar
El corazón de la muestra está en un dispositivo audiovisual que transforma la sala. La puesta se apoya en proyecciones en 180 grados, que ocupan superficies laterales y frontales para envolver el campo visual. En lugar de reproducir cuadros como si fueran láminas ampliadas, el montaje trabaja con secuencias, transiciones y cambios de escala que buscan enfatizar un rasgo central del impresionismo: la luz en movimiento, la sensación de instante, el paisaje que se modifica según la hora y la atmósfera.
El sonido cumple un rol estructural. Más que un fondo musical, funciona como guía para marcar climas, pausas y cambios de escena. Esa construcción acústica acompaña el recorrido y le da continuidad, ayudando a que la experiencia tenga un hilo y no se sienta como una suma de imágenes sueltas. En algunos tramos aparecen también frases atribuidas a artistas como recurso contextual, una forma de acercar ideas y sensibilidades que dialogan con el universo estético de la época.
La propuesta incorpora además instalaciones interactivas que amplían la visita más allá de la proyección. Se anuncian cascos de realidad virtual, espacios con réplicas de obras y sectores informativos sobre técnicas y motivos. El objetivo es combinar impacto visual con momentos de explicación, para que quienes quieran profundizar tengan un punto de apoyo y quienes prefieran recorrer sin detenerse también puedan hacerlo sin perder el sentido general.
Hay un apartado pensado para lo creativo. Se incluye una zona con mesas de dibujo, planteada como un espacio de experimentación donde el público puede probar el trazo, el color y la composición. Ese gesto, sencillo pero significativo, conecta con la idea de que la pintura no es solo un resultado final, sino también un proceso de búsqueda. En una ciudad donde las propuestas culturales conviven con la necesidad de experiencias accesibles, ese componente participativo suma un plus, sobre todo para visitas en familia o con grupos.
El recorrido se completa con decorados inspirados en escenas vinculadas al universo de Monet. Funcionan como estaciones de transición, puntos donde el visitante puede frenar, mirar con otra calma y notar el diálogo entre lo físico y lo proyectado. En este tipo de montajes, esos momentos de respiración son importantes: permiten que el recorrido tenga matices y no dependa únicamente del efecto de “pantalla grande”.
La entrada está organizada con un esquema escalonado: se indica que hay ingresos cada quince minutos y un cupo de 30 tickets por horario, una logística orientada a evitar aglomeraciones y a sostener una circulación fluida. En la práctica, esa dinámica busca cuidar la experiencia, porque en propuestas inmersivas el espacio disponible, la densidad de gente y el tiempo de permanencia influyen directamente en lo que cada visitante se lleva.
Más allá de la tecnología, el atractivo de la propuesta está en el diálogo entre formato y contenido. Monet trabajó una y otra vez la variación, el cambio de luz sobre un mismo motivo, la sensación de lo efímero. El lenguaje audiovisual permite insistir en esa idea de transformación continua, mostrando transiciones y atmósferas de manera sostenida. Así, Colón Inmersivo: Monet se presenta como una puerta de entrada al impresionismo desde Buenos Aires, con un lenguaje contemporáneo que busca ampliar públicos sin renunciar al marco cultural del lugar que lo aloja.






